El día anterior estuvo toda la tarde lloviendo, así que dejamos las rutas a pie para hoy. Fue una pena que estuviera el día bastante nublado y con algo de niebla, pero al menos no llovió nada durante todo el día.

A las 9 de la mañana, después de un tranquilo desayuno, nos lleva el guía por una ruta a pie donde veremos unos preciosos paisajes de arrozales, que solo están verdes durante la época de lluvias (justo ahora), y dos pueblos de sapa: Lao Chai y Ta Van. La ruta la comenzamos desde un punto donde imagino que comienza todo el mundo, ya que allí están las mujeres de la aldea Hmong Negro esperándote para acompañarte durante casi la mitad del camino, regalándote figuritas hechas con ramas de los árboles, para después venderte los productos que llevan en su cesta-mochila.

Comienzo de la ruta, seguidos por 3 mujeres Hmong Negro

Comienzo de la ruta, seguidos por 3 mujeres Hmong Negro

Al principio nos fastidió el hecho de que te acompañen durante el camino, primero porque está claro que es algo que hacen solo con los turistas y eso hace perder toda la autenticidad, y segundo porque pensábamos que nos iban a estar “dando la brasa” todo el camino vendiéndonos cosas, pero la verdad es que fueron muy amables y solo nos mostraron sus productos al final del camino lo cual se agradece. Llevan a todos los turistas por la misma ruta cual hormiguitas, y la gente de las aldeas conoce perfectamente el recorrido por lo que están esperándote en cada rincón para venderte cosas (sobre todo las niñas). El guía nos comentó dos cosas respecto a los niños que venden por el camino:

  1. No es bueno comprarles lo que te ofrecen, puesto que si los padres ven que los niños ganan mucho dinero vendiendo a los turistas, dejan de llevarles al colegio.
  2. Tampoco nos recomendó darles caramelos (a muchos de ellos se les veía con chupa chups que les daban los turistas), ya que en las aldeas no hay dentistas. Lo cogerán con muchas ganas ya que les gusta mucho su sabor, pero a la larga no es bueno para su salud.
Niña en Sapa comiendo chupa-chups y vendiendo pulseras (sin mucho ánimo…)

Niña en Sapa comiendo chupa-chups y vendiendo pulseras (sin mucho ánimo…)

Respecto al camino «de hormiguitas», cuando atraviesas los poblados sigue siendo un camino preparado para turistas, y en los bajos de casi todas las casas de los poblados han montado tiendas de souvenirs. Realmente estos pueblos se están reconvirtiendo y orientando al turismo, ya que en un día que vendan souvenirs ganan muuucho más dinero que en un año entero cultivando arroz.

Después de unas 3 horas caminando, volvemos a Sapa a comer en Red Dao House. Comimos un menú que consistía en un pastel de patata, ensalada, sopa, berenjena, pato y cerdo por unos 200.000 VND persona. No estaba mal, pero tampoco era ninguna maravilla.

Menú en Red Dao House. En la foto se puede ver arroz, la berenjena, el pato y el cerdo

Menú en Red Dao House. En la foto se puede ver arroz, la berenjena, el pato y el cerdo

Por la tarde fuimos a otro pueblo, Cat Cat, y esta vez nos llevaron en moto-taxi. El pueblo similar a los anteriores, un caminito de hormiguitas lleno de tiendecitas. En el paseo para ver Cat Cat (aprox. 1 hora) se ve también una cascada.

Volvemos al hotel, nos duchamos en una sala de espera que tienen allí bastante bien preparada con sofás (ya habíamos hecho el check out de la habitación por la mañana), y volvemos a Lao Cai para coger el tren. En Lao Cai nos comenta el guía que si pedimos algo en un bar nos guardan las maletas hasta que salga el tren (teníamos unas 2 horas libres), así que pedimos dos cervezas en “Le Bordeaux”, en una de las esquinas de la plaza, y nos fuimos a dar un paseo dejando las maletas allí. Decidimos ir al «mercado» de Lao Cai, y nos encontramos con que estaba todo cerrado y recogiendo los últimos puestos, así que no teníamos nada que hacer… cogimos en la plaza un bocadillo que servían con carne cortada como si fuera un kebab (Al día siguiente tuvimos algunos «problemas estomacales» así que sospechamos de este kebab…), un par de galletas en una especie de kiosco y después de hacer tiempo recogimos las maletas del bar y fuimos al «tren-tortura» de vuelta a Hanoi (A la ida pasamos un frío horroroso).

En el tren nos toca otra vez el mismo camarote-congelador que a la ida!! El guía nos comentó que en el momento que tengamos frío se lo digamos a las chicas del tren que duermen en el suelo del pasillo y ellas paran el aire acondicionado (es común para todas las habitaciones), así que cuando tuvimos un frío que no podíamos aguantar (llegamos al punto de tapar la salida del aire con cartones y tiritas, dormir los dos en la misma cama, de unos 70cm aprox, con la cabeza entera dentro de la manta para que nuestra propia respiración nos calentara y aún así estábamos tiritando) salimos a despertar a las chicas para que apagaran el aire y así lo hicieron. Al rato volvieron a encenderlo, así que volvimos a pedirlas que lo apagaran y lo dejaron apagado toda la noche. Sin el aire acondicionado encendido hacia mucho calor, pero al menos pudimos dormir, ya que el frío del aire acondicionado era absolutamente insoportable.

 

[Todas las etapas de la ruta y el mapa completo en: https://www.adictosaljetlag.com/index.php/diario-de-vietnam/]