Desde que vimos el paso de Sergio Bastard por el programa de Top Chef (uno de nuestros concursantes favoritos) teníamos ganas de acercarnos a Santander para experimentar la «Mesa Gastronómica» de la Casona del Judío, y decimos «experimentar» porque el concepto que venden no es únicamente culinario, sino que se trata de un menú exclusivo servido en el sótano del restaurante, en el que cada plato cuenta una historia, y que además (según indican en su web) es ejecutado personalmente por Sergio Bastard durante toda la comida, lo que daría pie a un interesante diálogo con el chef. Una experiencia única que merece la pena vivir.

Decidimos acudir a cenar un sábado por la noche, con la mala suerte de coincidir con la noche de San Valentín (el restaurante estaba lleno). La casona es preciosa y llama la atención con su exterior iluminado por la noche. Llegamos antes de la hora, así que pedimos unas cervezas y fuimos bajando a la bodega donde se oficia el menú gastronómico. La bodega es muy bonita, pequeña, acogedora, y está dividida en tres zonas independientes: una de ellas con unos sofás, y las otras dos con una mesa en cada una.

Entrada de La Casona del Judío

Entrada de La Casona del Judío

Menú Gastronomico

Menú Gastronómico

El menú comienza con un original aperitivo que consiste en unas láminas para untar en una mantequilla de algas. El primer plato del menú son unas anchoas «pintadas» con una salsa de pistacho que le da un interesante toque dulce.

La red, Principio y fin de la anchoa

«La red, Principio y fin de la anchoa»

El segundo plato es una sardina ahumada. Lo traen en una original tetera, y cuando la abren notas el intenso olor al humo que guarda en su interior. La sardina está muy suave y tierna, y el aroma a humo le da un toque bastante original.

Sardina Ahumada

«Sardina Ahumada»

En tercer lugar tomamos «Calabaza, arrope y cerveza», unos tacos de calabaza con un helado de cerveza que le da un sutil toque amargo a la mezcla.

Calabaza, arrope y cerveza

«Calabaza, arrope y cerveza»

Después nos sirvieron «El ajo y la lavanda», una crema con una pasta muy concentrada de ajo en la base, y un helado de lácteos en la parte superior. El sabor nos resultó quizá demasiado intenso tanto a ajo (y eso que somos grandes amantes del ajo) como a leche.

El ajo y la Lavanda

«El ajo y la Lavanda»

El «Cachón de la bahía» son unos taquitos de cachón (parecido a la sepia) con un caldo de legumbres y unos trocitos de brécol. La combinación era acertada, el caldo tenía un sabor muy intenso (quizá otra vez demasiado), y el brécol le aportaba un frescor muy agradable en contraste con el caldo.

Cachón de la bahía

«Cachón de la bahía»

En sexto lugar nos sirvieron una cebolleta cuyo glaseado le daba un sabor dulce, acompañado de una tierra de tomillo.

Cebolleta glaseada y tomillo

«Cebolleta glaseada y tomillo»

Posteriormente comimos unos callos de bacalao al pilpil. Si ya de por si los callos de bacalao tienen una textura gelatinosa, el pilpil potenciaba mucho estas sensaciones, en exceso a nuestro gusto.

Callos de Bacalao con lechuga de mar

«Callos de Bacalao con lechuga de mar»

Después del bacalao nos sirvieron unos mejillones que estaban acompañados de una salsa de ortiguillas (anémonas) que multiplicaba por diez la sensación marina del plato. Éste no es un plato para todos los gustos debido al intensísimo sabor a mar de la salsa.

Nuestro pensamiento del mar

«Nuestro pensamiento del mar»

En noveno lugar comimos unos tacos de bonito cántabro con una salsa a base de nata.

Bonito, emulsión de bonito y banana

«Bonito, emulsión de bonito y banana»

Y el último de los platos salados fueron unas mollejas de ternera cántabra.

Los postres fueron dos: en primer lugar unos trocitos de naranja, mandarina, lima, etc. acompañados de un helado también de cítricos, muy refrescante y agradable después del intenso menú; y en segundo lugar un helado de leche con una base de miel que también estaba bastante bueno.

La leche y la miel

«La leche y la miel»

 

En resumen, un menú muy coherente realizado íntegramente con producto cántabro, con mucha verdura, lácteo y mucho producto del mar (los productos favoritos del chef). Quizá echamos en falta alguna textura que compensara esas sensaciones tan «gelatinosas» de ciertos platos del menú (callos de bacalao, mejillones, mollejas… ). Tenemos que decir que lo mismo teníamos unas expectativas demasiado altas, y que los gustos culinarios son muy subjetivos, pero no hubo ningún plato que nos enamorase.

Respecto al servicio de mesa, fue impecable, la chica que nos sirvió los platos fue muy agradable en todo momento, y el tiempo de espera entre plato y plato fue excelente.

Sobre la «experiencia» de la mesa gastronómica, nos decepcionó mucho que Sergio no apareciera durante la comida. Pasó a saludar después de la cena y nos pidió disculpas por no haber ejecutado él mismo el menú (se excusó en que le fue imposible por la gran cantidad de comensales que tenían en el restaurante). Creemos que es un error por parte de la Casona ofrecer una «experiencia única» en un día en el que no tienen capacidad suficiente para ejecutar el servicio prometido.

Hemos de decir que al día siguiente vía Twitter compartimos nuestra experiencia, y Sergio Bastard nos respondió lamentando de nuevo no haber compartido ese diálogo con nosotros y prometiéndonos un plato en exclusiva en nuestra próxima visita, así que tendremos que volver en otra ocasión para poder disfrutar de esta experiencia gastronómica tal y como fue concebida.

Puntuación:
6 de 10
Comida (Calidad):
7 de 10
Comida (Técnica):
6 de 10
Servicio:
4 de 10
Cobraron por el servicio "Mesa Gastronómica" y no lo recibimos
Ambiente:
10 de 10
Calidad/Precio:
6 de 10